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Mostrando las entradas etiquetadas como Reflexión

La ignorancia es impotencia y esclavitud, no felicidad

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  La ignorancia es impotencia y esclavitud, no felicidad Si la información es poder, la ignorancia es impotencia. Un ave sin los conocimientos instintivos que le son heredados evolutivamente no distinguiría cuáles son sus depredadores naturales ni conocería las principales fuentes de alimento: terminaría muerta en poco tiempo. Sin embargo, ¿por qué el ser humano conserva su hegemonía en un mundo colmado de seres vivos que lo aventajan físicamente? Por el nivel de información y conocimientos que son inaccesibles para la inteligencia animal. Las personas también sufrimos este desequilibrio: la técnica marcial vence a la fuerza bruta, la erudición médica ridiculiza la magia curativa, la construcción del hombre primitivo se derrumba antes que la de un ingeniero. Es importante distinguir entre poder y riqueza. Esta última no está garantizada para los más inteligentes o quienes poseen más conocimientos, aunque también otorga otra clase de poder (el adquisitivo) y, en consecuencia, dispen...

Origen de los nombres

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 Origen de los nombres ¿Por qué nuestros nombres son apenas prácticos? Si pensamos en los orígenes de la civilización o, incluso, en las tribus o sociedades subdesarrolladas de la actualidad, ¿no es lógico suponer que vincularan los nombres con valores o realidades prácticas? «Pescador predilecto del jefe de la tribu del noroeste», «Encargado de avivar el fuego en las noches de invierno», «Atleta con el segundo salto más potente» serían nombres que describen una función o facultad de la persona. Si bien suenan tristes y aburridos, ofrecen la hipótesis de un uso primigenio simple y realista de los nombres propios. Esta reflexión ignorará cualquier demostración científica del verdadero principio de los nombres, pues discurrirá por la vía de la contingencia y la imaginación para comprender mejor esta cuestión.  Aunque los nombres actuales pueden proceder de un significado bíblico, cultural o político, nadie lo considera y, por tanto, cabe esperar que en el presente tienen otra in...

Maquillaje y fragilidad

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Maquillaje y fragilidad Maquillar deriva de su uso acepciones como esconder, tapar, cubrir u ocultar. Ciertamente, todos estos adjetivos suenan peyorativos cuando se refieren a la intención porque consideramos el acto de disimular como una traición a nuestra conciencia: nos adulteran la realidad y la llenan de disfraces y capas sobre capas que no somos capaces de penetrar, sólo de persuadir. Quizás todos poseamos un instinto filosófico que se afana en la búsqueda de pequeñas verdades y, por eso, los maquillajes nos estorban. En un primer instante, su belleza fementida nos seduce al igual que un canto de sirena o un discurso político. Con el tiempo, la costumbre nos insensibiliza y empezamos a sentir desprecio por la fuente de mentiras.  ¿Es acaso el maquillaje una práctica deplorable? No es más que el acto de embellecerse y ganar confianza inmediata; sin embargo, si no somos capaces de aceptar lo que la capa de pintura ahoga, como si fuéramos polifacéticos, no distinguiremos nuestr...